Si buscamos obtener herramientas para el análisis de la sociedad en su complejidad y movimiento, no podemos sino atender las relaciones sociales en los planos de la infraestructura y la superestructura con todos los puentes que mantienen estos campos en funcionamiento, tanto como aparatos estatales como civiles; esto claro, entendiendo que en las conceptualizaciones mencionadas subyacen poderosas dinámicas de dominación a las que Gramsci explicitará como Relaciones hegemónicas. Su teoría aportará entonces importantes elementos para el estudio del Poder (mucho antes que Foucault).
La hegemonía será entendida por Gramsci como distinta de la dominación, la que a su vez se define como el uso o la amenaza del uso de la coerción. Este concepto -al decir de Gramsci- se limita sólo a la materialización de la fuerza física (por ejemplo a través del accionar policial), reduciendo una serie de otros mecanismos de dominación efectiva y fundantes del orden clasista, como por ejemplo el consenso. Éste último concepto es puesto en evidencia por Gramsci como explicación a las relaciones de orden y poder que caracterizan al Estado moderno y que de una u otra forma es impuesto por una clase sobre otra.
Con el concepto de Consenso, nos referimos a la naturalización social de significaciones, simbolismos y formas de ver el mundo que son impuestos por las clases dominantes mediante, por ejemplo, el aparateje institucional. De aquí la importancia del sistema educativo y las instituciones religiosas como perpetuadoras del establishment clasista en un contexto de desarrollo económico determinado.






